8M con M de Mamá .

8M con M de Mamá .

Por Francisca Flores

Me dejaron fuera de la vida de mi hijo. Así, sin más. No importa cuánto lo cuidé , cuánto lo amé ni cuánto luché por él. Un día, de repente , dejó de ser mi hijo .

Pasó a ser usado como arma , un rehén, un elemento de disputa.. No porque yo sea un peligro , no porque haya hecho algo malo., sino porque es más fácil para el juez seguir lo que dice una ley antigua., desactualizada (1) .

No importan las pruebas ni la evidencia., ni lo que sienta mi hijo o lo que sienta yo. Es más fácil para el sistema hacerme a un lado y ya.

Primero es la distancia, esa que se impone con excusas. “ Está ocupado , otro día hablan”. Después, las llamadas que nunca contestan, con la tristeza que eso causa por no poder hablar con el amor de tu vida. Luego, la negación a verlo , la falta de respuesta para coordinar , los dibujos que ya no me hace , las reuniones del colegio donde mi silla está vacía porque nadie me avisa (2)

Y cuando intento pelear por lo que me corresponde, la justicia me mira con indiferencia encogiendo los hombros. “ Tiene que verlo con un abogado , siga el procedimiento , es lo que hay, no podemos hacer nada ”. Y como si todo esto fuera poco , la tortura de la distancia y ese silencio e incertidumbre que se sufre en lo más profundo del corazón.

Me condenan a un relato que construyen en mi contra. De repente , soy lo que otra persona dice que soy . Una historia contada por alguien más , escrita con mentiras aceptadas como verdad, con manipulaciones, con denuncias falsas legitimadas por un sistema que no tiene tiempo ni interés en ver quién soy realmente.

Y cuando intento defenderme, me invalidan, me ignoran o me someten con la pensión de alimentos, con las visitas restringidas, con la amenaza de que si me quejo ante la ley, será peor. Porque la justicia no es para todos. Es para quien sabe manipularla mejor. El sistema me convierte en el villano de mi propia historia. Me llaman irresponsable. ¿Cómo es que le dicen a los padres ausentes? “Papito corazón”, qué denigrante.

Me señalan con el dedo, como si hubiera huido , como si hubiera abandonado , como si me hubiera desentendido. Nadie toma en cuenta que me forzaron a no estar ahí, que me obligaron a no verlo despertar todos los días , que me negaron abrazarlo todos los días, regalonearlo todo lo que pueda, acompañarlo siempre, criarlo en cada momento.

Como si yo hubiera dejado de amar a mi hijo. La gente repite lo que escucha. “ De seguro algo hizo ”. “ Si le quitaron al niño, por algo será ”. “ De seguro nunca se hizo cargo ”. Y aquí estoy, tragándome la tristeza, la impotencia, la rabia, el desamparo, la desesperación de saber que el mundo ya decidió quién soy sin escucharme. Pero, ¿saben qué es lo más brutal? Que yo no soy un hombre que está pasando por esto. Soy una mujer. Soy una madre, una de las miles que han vivido lo mismo que un papá que ha sido violentado de esta manera con obstrucción, con desvinculación sin piedad, con sometimiento a la voluntad del otro progenitor, sin que nadie los defienda ni haga nada por ellos ni por sus luchas silenciosas.

Así mismo, nadie, absolutamente nadie, lucha por mí ni por las mamás en situaciones como la mía , nadie me defiende ni se une a mi lucha . No veo colectivos feministas exigiendo mi derecho a ser parte de la crianza de mi hijo . No veo grupos organizados pidiendo justicia cuando la exclusión de las mamás se da como resultado de mentiras, falsas denuncias y manipulaciones. No veo discursos ni pancartas denunciando que el sistema judicial perpetúa violencia contra las madres cuando no encajamos en el molde de víctima que resulta conveniente para mantener una posición de poder sobre otros.

Si yo fuera un hombre, asegurarían que me lo merezco, solo por ser hombre . Porque la narrativa tóxica ya está escrita: los hombres abusan de sus privilegios, los hombres son irresponsables con sus hijos, los hombres abandonan. Pero, ¿qué pasa cuando la violencia institucional afecta a una mujer? No pasa absolutamente nada. Porque el sistema, en su intento de corregir injusticias pasadas, ha creado nuevas formas de exclusión. Y no se trata de que el feminismo, como movimiento, no reconozca las violencias estructurales. Se trata de que las corrientes dominantes dentro del feminismo institucionalizado han decidido que hay luchas más prioritarias, más mediáticas, más rentables y más estratégicas políticamente hablando. Que algunas historias, que son incómodas, deben ser ignoradas. Porque reconocerlas implicaría admitir que la obstrucción parental hacia una madre también es violencia , venga de quien venga. Que la pensión de alimentos , cuando se usa como castigo y herramienta de sometimiento, es una condena a la ruina que también vulnera a las mujeres obligadas a pagar sin saber en qué se utiliza el fruto de su trabajo. Que hay mujeres víctimas de otras mujeres, cuando son indiferentes a estos abusos y complices silenciosas del sistema , sistema, que en lugar de protegerlas, se convierte en herramienta para la venganza y condena vidas de madres y niños con una decisión mal tomada de jueces inescrupulosos y un sistema judicial sesgado, poco minucioso y poco profesional.

Pero de eso no se habla. Porque hacerlo pondría en riesgo un discurso que otorga poder a algunos. Porque sería demasiado incómodo admitir que la equidad que se exige con tanta vehemencia no es real si implica un sacrificio personal o poner en riesgo el perder privilegios que no están dispuestas a ceder. Que el problema nunca fue solo un tema de género, sino de quien detenta el poder. Y que el poder, en manos de quien sea, se usa para aplastar al otro.

Así como el feminismo hegemónico pretende aplastar a quienes no se adhieren a sus lineamientos ideológicos empapados de discurso ideológico . Así que aquí estoy. Invisible. Sin poder ver a mi hijo hace meses. Luchando sola, sufriendo sola, excluída de la lucha de las feministas que se jactan de luchar por todas. ¿y yo qué? ¿y mi lucha qué? Para ellas, mi maternidad no vale. Mi dolor no existe. Mi historia no sirve para mantener los beneficios que otorga el discurso del resentimiento histórico y de esperar una reparación que nunca será suficiente, porque no buscan reparación ni equidad si no venganza y poder.

Pero no me rindo, sigo luchando, porque mi hijo sabrá que su mamá hizo todo lo que pudo por estar con él, luchó contra todo sistema, contra toda violencia, contra todos porque soy mamá y lo doy todo por mi hijo, porque yo también soy mujer y porque el 8M se escribe con M de mamá.

(1) Se entiende por ley desactualizada aquella ley que no está escrita , una ley antigua basada en las costumbres y la inercia institucional , en los prejuicios de género y en el statu quo .

(2) En Chile aquel padre o madre que no detenta el cuidado personal de sus hijos puede hacerse participe del proceso educativo independiente de la voluntad del progenitor custodio o quien detenta el cuidado personal ( Circular Nro. 27 de la Superintendencia de Educación ) .

Fundacion Crianza Compartida Chile ®️

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