por Equipo de Comunicaciones Fundación Crianza Compartida Chile.
Hablar de crianza compartida y familias reconstituidas sigue siendo, en muchos espacios, un tabú o un terreno inexplorado. Sin embargo, cada vez son más las personas que buscan visibilizar estas realidades y acompañar a los niños que crecen entre dos casas, entre dos mundos emocionales.
Andrea Roselló Ivars, maestra de Educación Infantil, formadora y parte activa de una familia enlazada, ha creado Kaó tiene dos casas, un cuento infantil que pone palabras, imágenes y emociones a lo que viven muchos niños y niñas después de la separación de sus progenitores. Su historia es también la de muchas madrastras que maternan desde el amor, que cuidan y acompañan en la sombra, a menudo sin el reconocimiento que merecen.
En esta entrevista, conversamos con Andrea sobre su experiencia personal y profesional, los desafíos de la crianza compartida, el rol de las nuevas parejas en la vida de los niños y el poderoso mensaje que busca transmitir con su libro.

1. Para empezar, cuéntanos un poco sobre ti. ¿Quién es Andrea Roselló y qué te motivó a escribir este cuento infantil?
Soy maestra de Educación Infantil, y después de trabajar en varias escuelas infantiles, di el salto a la docencia en ciclos formativos, entre otros el de Educación Infantil. Además, formo parte de una familia enlazada, y esa experiencia personal ha sido clave en la creación del cuento. El deseo de comprender mejor a mi hijastro y de encontrar mi lugar dentro de esta nueva estructura familiar fue el punto de partida. A esto se sumaron las vivencias compartidas con mi alumnado, muchos de los cuales también forman parte de familias enlazadas. Sentí la necesidad de poner palabras a lo que viven y sienten las criaturas que están entre dos casas, pero también a lo que sentimos los adultos implicados.
Además, me parecía importante visibilizar este modelo familiar, porque hay muy pocos referentes. Creo que es fundamental ofrecer herramientas y recursos que acompañen emocionalmente tanto a las criaturas como a las familias. Y también dar voz a la figura de la madrastra, dejar de estigmatizarla y mostrarla como una figura afectiva y funcional dentro de la familia.
2. Tu experiencia como educadora y como parte de una familia reconstituida ha influido en la creación de este libro. ¿Qué desafíos has enfrentado en la crianza compartida y en tu rol como madrastra?
Sí, totalmente. Mi experiencia personal y profesional fue el punto de partida para este cuento. Ser madrastra ha sido un reto emocional incluso mayor que ser madre, principalmente por la falta de reconocimiento social y los juicios que aún pesan sobre este rol. En el proceso de encontrar mi lugar dentro de la familia, sentí la necesidad de comprender lo que vivía y sentía mi hijastro, para poder empatizar con él, validar sus emociones… y también las mías. Porque cuando los adultos estamos bien, las criaturas también lo están.
Ese proceso, al inicio, me generó mucho malestar. Me llevó a hacer un trabajo personal profundo, tanto para gestionar mejor mi papel como adulta en la familia como para cuidar de mi salud mental. A lo largo del camino —y también gracias a la escucha y la introspección compartida con mi alumnado, muchos de los cuales también pertenecen a familias enlazadas—, surgió en mí el deseo de transformar lo aprendido en una herramienta útil que pudiera acompañar a otras criaturas y familias.
En la crianza compartida y en mi rol como madrastra he enfrentado múltiples desafíos. Uno de los más difíciles ha sido sentirme constantemente juzgada por el entorno, experimentar la invalidez emocional y notar cómo el cariño y los cuidados que ofreces como madrastra son bien recibidos… hasta que intentas poner límites. Ahí suelen surgir malentendidos y conflictos, como si no tuvieras derecho a ejercer una función educativa dentro del hogar.
También he vivido de cerca el llamado «conflicto de lealtades«, y muchas de esas experiencias están reflejadas en el cuento. A esto se suma una dificultad mayor: cuando llegó nuestro hijo en común. Apareció una dinámica muy compleja, donde el hijo que vive entre dos hogares suele ser visto como el “desfavorecido”, mientras que el hijo en común es percibido como el “favorecido”. Esta percepción genera comparaciones y desigualdades entre las criaturas, aunque no sea esa la intención.
Es importante visibilizar que, como madrastra, tengo responsabilidades con uno de los niños y no con el otro. Además, muchas veces el progenitor que convive solo algunas semanas con su hijo puede sentir culpa, y en ese afán de compensar, se vuelca en él por completo: lo prioriza, planifica todo con y para él, mientras que el otro hijo queda, sin querer, relegado al otro progenitor. Así se forman “equipos” dentro de un mismo hogar, lo que genera división y confusión emocional.
Creo que podemos transmitir esta realidad a las criaturas desde la escasez —como si lo que están viviendo fuera algo que les resta o les falta— o desde la abundancia, mostrándoles todo lo positivo que puede ofrecer esta nueva dinámica familiar. Por ejemplo, el hecho de que ambos progenitores, al tener tiempos más definidos con sus hijos, suelen estar más presentes y comprometidos en la crianza.
Me gustaría añadir también que no se exige ni se percibe de la misma manera la figura de la madrastra que la del padrastro. En el primer caso, hay mucha expectativa, mucho juicio, se nos otorgan responsabilidades… y se nos olvida agradecer. En cambio, al padrastro, por poco que haga, ya se le valora y visibiliza, porque socialmente se entiende que no es su responsabilidad ni su obligación.

3. En Kaó tiene dos casas, abordas las emociones de los niños que viven entre dos hogares tras la separación de sus progenitores. ¿Cuáles crees que son los mayores retos para ellos y cómo puede ayudar este cuento a las familias en esta situación?
El mayor reto es lograr una separación consciente. La forma en que los adultos viven, gestionan y elaboran esa ruptura tiene un impacto directo en cómo la viven las criaturas. Si los progenitores no hacen un trabajo personal profundo, es muy difícil que los hijos transiten esa etapa con calma y bienestar. Como dice Rocío de Creada, para los niños y niñas, ambos progenitores ocupan un lugar sagrado. Por eso es fundamental que sientan el permiso de poder estar bien con ambos, y también con todas las personas que forman parte de su nueva configuración familiar, incluyendo a las nuevas parejas y sus familias.
Es muy importante que los adultos comprendamos esto, que trabajemos nuestras emociones y transmitamos este permiso a las criaturas. Las nuevas parejas no vienen a quitarle el lugar a nadie, vienen a sumar. El amor suma, no divide. Cuanto más claro tengamos esto los adultos —y cuanto más conscientes estemos del lugar que ocupamos dentro del sistema familiar—, más fácil será la adaptación para todos al nuevo molde familiar.
Si las nuevas parejas están bien, si se sienten acogidas y respetadas, y si los adultos hacemos un trabajo sincero de colocar a cada uno en su lugar con amor y respeto, entonces las criaturas también estarán mejor. El cuento nace justamente de esta necesidad: ofrecer una herramienta que ayude a poner palabras a emociones complejas, que invite al diálogo, que acompañe a los niños y niñas a entender lo que sienten y a las familias a encontrar nuevas formas de vincularse desde el respeto, la escucha y la empatía.
4. Desde la Fundación Crianza Compartida Chile trabajamos para visibilizar la importancia del rol de ambos progenitores en la vida de los niños y los desafíos que surgen tras una separación. En tu opinión, ¿qué pueden hacer los padres para garantizar el bienestar emocional de sus hijos en estas circunstancias?
Como comentaba antes, la clave está en transitar una separación de forma consciente. Para ello, es fundamental que ambos progenitores hagan un trabajo personal profundo. Solo desde ahí podrán acompañar verdaderamente a sus hijos, validar sus emociones y ofrecerles un entorno seguro y amoroso, aunque ya no convivan como pareja.
También es importante visibilizar que todas las estructuras familiares son válidas. El amor y los cuidados no provienen únicamente de los progenitores, sino que, como ya ocurre en muchas familias nucleares, pueden venir de otros miembros como abuelos, tíos o incluso amistades cercanas. En las familias enlazadas ocurre lo mismo: las nuevas parejas pueden convertirse en figuras significativas para los niños, sin que eso implique reemplazar a nadie. El amor no resta, el amor suma.
Es urgente romper con el estigma que aún pesa sobre figuras como la madrastra, tradicionalmente retratada desde un lugar negativo. En realidad, muchas madrastras son mujeres que maternan desde el amor, que acompañan, cuidan y sostienen. Las mujeres necesitamos criar en tribu, y así como una abuela, tia, amiga… puede formar parte de esa red de cuidado, también lo puede hacer una nueva pareja.

5. ¿ Por qué elegiste la figura del canguro para retratar esta nueva dinámica familiar ?
La elección de los canguros como personajes en el cuento es porque la bolsa que tienen simboliza muy bien el acto de maternar: acoger, cuidar y proteger. Esta imagen le servía para representar tanto a las madres biológicas como a otras figuras que también maternan, como puede ser la madrastra. Con ello, quiere reforzar la idea de que maternar no es algo exclusivo de la madre biológica, sino una tarea que también pueden realizar otras mujeres que cuidan y aman a las criaturas.
El cuento Kaó tiene dos casas busca justamente eso: ayudar a las criaturas a identificar y expresar sus emociones, fomentar la empatía y ofrecer referentes positivos dentro de este modelo familiar diverso. Es una invitación a mirar la separación y la nueva dinámica familiar no desde la pérdida, sino desde las nuevas posibilidades que también pueden traer amor, seguridad y crecimiento emocional.
6. En muchas familias reconstituidas, la pareja del padre cumple un rol significativo en la vida del niño. Desde la experiencia de la Fundación, hemos visto que muchas madrastras no solo acompañan en la crianza, sino que también juegan un papel importante en la defensa del derecho de los niños a mantener una relación con ambos progenitores. ¿Cómo crees que se puede construir un vínculo sano entre un niño y su madrastra? ¿Consideras que este vínculo debe ser mediado por el padre o es posible que se desarrolle de manera propia y singular?
Para que se construya un vínculo sano entre un niño o niña y su madrastra, es fundamental cómo ambos progenitores gestionan la incorporación de esta nueva figura a la familia. La actitud del progenitor conviviente es especialmente determinante: cómo trata a su pareja, cómo la presenta ante la criatura y cómo actúa en su presencia influye directamente en la percepción que el niño o la niña desarrollará respecto a esa nueva persona.
Es esencial también que la nueva pareja pueda establecer sus propios límites. Un vínculo sano no se basa en la imposición, sino en el respeto mutuo, la escucha y la construcción progresiva de la confianza. A veces se tiende a forzar relaciones o a esperar que todo fluya con naturalidad, pero es importante entender que todos los adultos implicados, así como las criaturas, necesitan tener sus propios espacios y límites claros para poder sentirse bien dentro de su rol.
Por ejemplo, puede haber cordialidad entre adultos —como entre una madrastra y la madre del niño/a—, pero no necesariamente tiene que haber amistad. Pueden existir heridas, experiencias o situaciones pasadas – entre los adultos- que hagan necesario establecer ciertos límites, que deben respetarse. Sin embargo, algo que sí es inaceptable es hablar mal de los progenitores delante del niño/a, así como de cualquier miembro de la familia, como las nuevas parejas. La criatura necesita poder amar libremente a ambas figuras sin sentirse dividida o culpable, así como a todos los miembros de su familia.
Aquí es muy importante tomar conciencia de algo esencial: la nueva pareja no viene a ocupar el lugar de nadie. No sustituye a los progenitores, pero sí puede construir un lazo propio, desde su lugar como adulta que convive, acompaña, cuida y sostiene. A menudo se espera demasiado de estas figuras —incluso sin darles un reconocimiento real—, cuando lo que hacen muchas veces nace del amor y del deseo sincero de acompañar.
Por eso, más que exigir, deberíamos agradecer. Agradecer que haya alguien más que materna, que se preocupa y se ocupa del bienestar de las criaturas. Eso merece ser valorado.
Como en cualquier dinámica de crianza, habrá desacuerdos. La clave está en gestionarlos con madurez, en privado, y no delante de las criaturas, para no involucrarlas ni ponerlas en medio de tensiones o lealtades divididas.
Los vínculos entre un niño y su madrastra se construyen de manera singular, a su propio ritmo y con su propia identidad. Si bien el padre puede facilitar un entorno propicio, no debe asumir el rol de mediador entre la criatura y su pareja. Hacerlo sería tratar a ambos —madrastra y niño— como iguales, cuando en realidad ella ocupa un rol adulto y funcional dentro de la convivencia. No se trata de que tome decisiones que competen a los progenitores, pero sí debe poder tener voz en cuestiones del día a día que afectan directamente a la dinámica familiar.
En definitiva, cuando hay respeto, tiempo, paciencia y amor, ese vínculo puede convertirse en una relación profundamente enriquecedora para ambas partes.

7. La separación de los padres, en muchos casos, conlleva conflictos judiciales o dificultades para que uno de los progenitores mantenga un vínculo cercano con sus hijos. Desde tu experiencia, ¿cómo pueden las familias y la sociedad contribuir a que los niños no pierdan el derecho a tener ambas figuras parentales activamente en sus vidas? Además, si una madrastra se encuentra involucrada en este tipo de situaciones, ¿cuál crees que debería ser su rol y hasta qué punto es recomendable que se involucre en estos procesos?
Como he compartido a lo largo de esta entrevista, el trabajo personal de los progenitores es el pilar fundamental para que una separación se gestione de manera saludable. Afortunadamente, hoy existen profesionales especializados que pueden acompañar estos procesos desde lo emocional —como terapeutas o mediadores familiares—, así como desde lo legal, con abogados que entienden y respetan las necesidades emocionales de todos los miembros de la familia.
Las criaturas necesitan a ambos progenitores presentes en sus vidas para desarrollarse de manera integral, estable y saludable. Negar o dificultar ese vínculo por heridas no resueltas entre adultos termina afectando directamente a quienes menos responsabilidad tienen en la situación, las criaturas.
Respecto al rol de la madrastra, creo que es muy importante saber soltar. Muchas veces, desde el deseo de ayudar o de sostener la dinámica familiar, asumimos responsabilidades que no nos corresponden. Esto, con el tiempo, puede pasar factura a nivel emocional, porque lo que damos desde el amor no siempre es reconocido ni valorado… y, además, muchas veces se nos exige aún más. Por eso, es necesario encontrar un equilibrio: estar presentes, pero sin sobrecargarnos.
Ahora bien, esto no significa desvincularnos completamente. Así mismo, si formamos parte de una familia enlazada, las acciones de los adultos impactan en el bienestar colectivo. A menudo hay más criaturas involucradas – hijos comunes del nuevo lazo- y por tanto muchas de las decisiones familiares deben tener en cuenta las necesidades de todas las personas que conviven- progenitores separados, nuevas parejas, hijos/as que viven entre dos casas, hijos/as del nuevo lazo familiar, etc.- Para que una familia enlazada funcione, es fundamental que todas las personas que la integran se sientan vistas, respetadas y cuidadas.
Al final, se trata de construir desde la colaboración, no desde la sobreexigencia, así como entender que maternar, a veces, también implica saber cuándo dar un paso al costado para protegernos, sin dejar de estar disponibles para amar y acompañar.
8. Para quienes nos leen desde Chile y Latinoamérica, ¿cómo pueden adquirir Kaó tiene dos casas en formato físico o digital? ¿Dónde pueden seguirte o encontrar más información sobre el proyecto?
Correo para contactar: a.roselloivars@gmail.com
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PÀGINA WEB: https://andrearoselloivars.wordpress.com/
En la cuenta de Instagram de Andrea Roselló
Palabras finales
Finalmente, Andrea, ¿hay algún mensaje que quisieras compartir con las familias que están atravesando procesos de crianza compartida y reorganización familiar?
Sí, creo que el cuento «Kaó tiene dos casas» es un gran ejemplo de cómo podemos acompañar a los niños y niñas en estas situaciones desde el respeto y la educación emocional. En la historia, Kaó es un canguro que vive en dos hogares distintos: uno con su madre, y otro con su padre, su hermano y la nueva pareja del padre, Cala. Esta realidad despierta en él emociones como tristeza, culpa o enfado, especialmente cuando siente que no puede agradar a todos sin herir a alguien.
A través del cuento, vemos cómo Kaó aprende a expresar lo que siente, a comunicarse mejor con los adultos de su entorno y, sobre todo, a comprender que querer a una nueva persona no significa dejar de querer a otra. Es un mensaje muy poderoso que habla de empatía, de resolución de conflictos y del derecho de los niños y niñas a sentirse seguros y queridos en todos los hogares en los que crecen.
La forma en que las personas adultas, especialmente los progenitores, gestionan sus emociones, los conflictos y las nuevas relaciones tiene un impacto directo en el bienestar de las criaturas. Cuando los adultos actúan desde el respeto, la responsabilidad emocional y la comunicación consciente, están ofreciendo un entorno seguro en el que los niños y niñas pueden crecer sin culpa, libres de conflictos de lealtad y con espacio para querer a todas las personas que forman parte de su vida.
Acoger a las nuevas parejas con madurez, empatía y generosidad, y poner siempre en el centro el bienestar de los hijos, facilita que los niños y niñas vivan estas nuevas dinámicas familiares con naturalidad, serenidad y afecto. Al fin y al cabo, somos las personas adultas quienes tenemos las herramientas —y la responsabilidad— de construir puentes, cuidar los vínculos y sembrar relaciones sanas que perduren en el tiempo.
Participa de un nuevo capítulo de Parlante Compartido junto a Andrea Roselló para profundizar en los temas de esta entrevista y en su libro de cuento Kaó tiene dos casas. Los esperamos el próximo sábado 10 de Mayo a las 11 horas en Chile y a las 17 horas en España .

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