por Equipo de Comunicaciones.
La declaración pública de Percy Marín, ex consejero regional y ex pareja de la senadora electa Camila Flores, volvió a instalar en la agenda un fenómeno persistente pero escasamente abordado en el debate público: las separaciones altamente conflictivas y sus efectos cuando existen hijos involucrados. Más allá de los nombres propios, el caso expone dinámicas que se repiten cotidianamente en tribunales de familia y que organizaciones como la Fundación Crianza Compartida Chile vienen advirtiendo desde hace años.
En su comunicado, Marín describe un quiebre progresivo del vínculo matrimonial tras su derrota electoral, señalando episodios que califica como maltrato psicológico, humillaciones y desvalorización personal. “Comenzaron los malos tratos, las frases hirientes, autoritarias por sobre mi rol de marido, humillaciones y una constante ‘entiende que ahora soy Senadora’”, afirma. Este tipo de relatos conecta con una problemática poco reconocida socialmente: la violencia ejercida contra hombres en contextos de separación, que suele quedar fuera del foco mediático e institucional.
Uno de los puntos más sensibles del testimonio es la expulsión del hogar familiar, una situación frecuente en separaciones de alta conflictividad.
Marín sostiene que el 15 de diciembre de 2025 fue obligado a abandonar su domicilio tras un procedimiento policial nocturno. “Me obligó a abandonar el domicilio con lo puesto, sin poder llevar siquiera ropa o efectos personales básicos”, relata. Para los especialistas en derecho de familia del equipo legal de la fundación, este tipo de episodios suele marcar el inicio de una exclusión parental difícil de revertir si no se ataja a tiempo.
A ello se suma la interrupción abrupta del contacto con su hija, eje central del conflicto. “Llevo más de 41 días sin ver a mi bebé, sin tener noticias suyas”, señala Marín, agregando que la niña se encontraba enferma al momento de su salida forzada del hogar.
Desde la experiencia de la Fundación Crianza Compartida Chile, el impedimento de contacto constituye una de las expresiones más graves de instrumentalización de niños y niñas en disputas entre adultos.
El comunicado también aborda el uso de denuncias en contextos de separación. El padre califica como falsa la acusación presentada en su contra y advierte que “bastó esa denuncia para que, de manera inmediata, terminara alejándome de mi hija”. Este patrón -independiente del resultado judicial posterior- genera efectos inmediatos y profundos en el vínculo cotidiano, con consecuencias emocionales en los hijos y los adultos difíciles de reparar si no se abordan a tiempo.
Otro elemento relevante que aparece en el comunicado es la asimetría de poder en conflictos donde uno de los involucrados ostenta un cargo público o mayor poder adquisitivo . “Chile no puede normalizar que una diferencia de poder incline la balanza en un conflicto doméstico, dejando a un padre fuera de su hogar y lejos de su hija de manera vejatoria, humillante y violenta”, afirma Marín. La falta de resguardos claros frente a este tipo de situaciones ha sido objeto de reiteradas críticas por parte de organizaciones civiles.
Los efectos emocionales del impedimento de contacto también aparecen descritos en el comunicado. “Desde su nacimiento, jamás me había separado de mi pequeña… Hoy, por primera vez, atravesé esas fechas sin verla”, sostiene.
Diversos estudios coinciden en que la pérdida repentina de uno de los referentes parentales impacta directamente en la estabilidad emocional de niños y niñas, especialmente cuando no existen mecanismos tempranos de revinculación.
Frente a estas declaraciones, el equipo de Camila Flores emitió una respuesta pública rechazando categóricamente los dichos de su ex pareja, calificándolos como “falsos” y constitutivos de “una calumnia grave”. En el comunicado señalaron que “la violencia a la que se alude es una situación en la que fui yo la víctima”, precisando que el conflicto será abordado exclusivamente en las instancias judiciales correspondientes.
Asimismo, indicaron que, por el resguardo de su hija, la senadora electa no realizará más declaraciones públicas sobre el tema y enfatizaron que “la verdad se va a conocer”, cerrando el intercambio mediático en torno al conflicto familiar.
Desde el punto de vista de la comunidad de familias judicializadas, el escenario resulta especialmente problemático si se considera que Camila Flores es patrocinante de un proyecto de ley que busca sancionar las falsas denuncias en contextos de conflictos familiares, precisamente por el daño que estas generan en la reputación de las personas y, de manera particularmente grave, en el vínculo entre padres e hijos.
Ante esta situación surge la siguiente pregunta: ¿Cómo garantizar protección efectiva frente a la violencia real sin permitir que denuncias instrumentales se transformen en mecanismos de exclusión parental?
Más allá de este caso específico, la situación refuerza la urgencia de avanzar hacia un modelo que asegure debido proceso, evaluaciones rigurosas para el despeje temprano de la situación de conflicto y mecanismos reales de revinculación, evitando que niños y niñas continúen siendo los principales afectados de conflictos que nunca debieron situarlos en el centro de la disputa.
A continuación compartimos la declaración pública completa de Percy Marín .
» DECLARACIÓN PÚBLICA.
A mis amigos y opinión pública:
Durante largos días he guardado silencio por recomendación de mis abogados, tiempo en el que he recibido numerosas muestras de preocupación por mi ausencia en actividades y redes sociales. Hoy puedo, por fin, ofrecer una respuesta sobre lo vivido en lo que han sido, sin duda, de los días más difíciles de mi vida. Decido romper este silencio, primero, para precisar inexactitudes de una entrevista donde mi esposa ventila en un medio de comunicación local, su conveniente versión respecto a nuestra actual situación.
Por lo mismo deseo relatar -con el máximo respeto y responsabilidad- lo que me ha estado ocurriendo.
Durante quince años, junto a mi esposa Camila Flores, fui parte de un equipo familiar, donde nos unía el amor, gustos comunes, la política y lo más importante ahora, nuestra hija. En ese trayecto, postergué con gusto en múltiples ocasiones mis propios intereses para apoyar los de ella. No lo expreso buscando reconocimiento, pues fue una decisión consciente, fundada en nuestro proyecto familiar. Porque para nosotros la unidad de la familia siempre fue lo más importante. En efecto, lo más importante para nosotros en política siempre fue la defensa de la patria, los valores cristianos occidentales y la protección de la familia, siempre al frente: Dios, Chile y la familia.
Creí en ella, la cuidé, la acompañé y trabajé para su crecimiento. Camila acá en la región, era totalmente desconocida, era solo la esposa del CORE Marín. En poco más de un año, antes de la celebración de las elecciones Presidenciales, parlamentarias y Consejeros Regionales, en ese momento como estrategia cedí un espacio político propio para que ella compitiera como diputada, haciéndola parte de mi trabajo en la región como consejero regional y que con esfuerzo, creatividad, estrategia y su potencial, logramos crear un relato, un personaje que defendiera lo que nadie se atrevía a defender. Lo establecí como fórmula que la diferenciara del resto para tener una opción de éxito. El resultado: una trayectoria que tras dos periodos en la Cámara de Diputados la tiene hoy como senadora electa.
Sin embargo, tras mi derrota electoral como candidato a diputado -la primera en mi vida- mi matrimonio entró en una etapa de difícil descripción. Comenzaron los malos tratos, las frases hirientes, autoritarias por sobre mi rol de marido, humillaciones y una constante “entiende que ahora soy Senadora”. Ella comenzó a priorizar compromisos sociales ajenos a su quehacer laboral, siendo habitual las fiestas, su llegada al hogar en horarios no acostumbrados, etc. no pasaba en la casa. Cualquier pregunta de mi parte, para saber al menos donde andaba o a qué hora llegaba era recibida con enojo, violencia y desprecio. En el trayecto de 15 años jamás actuó así conmigo, pero en fin, mientras ella desarrollaba su nueva cotidianeidad, en esta nueva etapa de su vida, yo permanecía en casa cuidando a nuestra hija, porque mi prioridad ha sido siempre proteger nuestro hogar y confiar en que Camila andaba en alguna de sus celebraciones.
No quiso que fuéramos a votar juntos en la segunda vuelta, fui invitado por el comando de José Antonio Kast para acompañarlos a los resultados y Camila me dijo que si yo iba, ¿quién cuidaría a la niña? Obviamente yo me quedé en casa cuidándola, entendiendo que ella es senadora electa y su presencia sería obviamente más importante que yo. Desde el nacimiento de mi hija, he estado presente en cada etapa. Incluso en períodos en que su madre enfrentó problemas de salud, el cuidado diario recayó principalmente en mí.
Lo más desconcertante es que, incluso en medio de la hostilidad posterior a mi derrota, mi esposa siguió apoyándose en mí como siempre: consultándome cada paso, pidiéndome que ordenara ideas, ayudara a preparar respuestas, que revisara enfoques y textos, e incluso solicitándome ayuda para redactar mensajes para sus redes sociales. Paralelamente, me pedía apoyo en asuntos domésticos cotidianos, como si nada ocurriera.
Por ello, lo sucedido el 15 de diciembre de 2025 fue doblemente incomprensible, violento y cruel. Ese día, al regresar al domicilio y sin mediar provocación alguna, me ordenó salir inmediatamente del hogar familiar. Afirmó que no deseaba que siguiera con ella y que, de no irme en ese instante, llamaría a sus escoltas de Carabineros. Le pedí explicaciones y le recordé que se trataba de un hogar que también es mío, y que una decisión de tal magnitud debía conversarse con seriedad, por el bien de nuestra hija. Para no avivar su desatada ira, me retiré a nuestra habitación. No obstante, en cuestión de minutos se desencadenó un procedimiento policial a eso de la una de la madrugada que me obligó a abandonar el domicilio con lo puesto, sin poder llevar siquiera ropa o efectos personales básicos.
Es profundamente lamentable constatar que, en este contexto familiar, se hayan utilizado apoyos y resguardos propios de un cargo público para fines ajenos al trabajo legislativo. Lo digo con prudencia y convicción: Chile no puede normalizar que una diferencia de poder incline la balanza en un conflicto doméstico, dejando a un padre fuera de su hogar y lejos de su hija de manera vejatoria, humillante y violenta. Aquí yace una contradicción que me impacta por el nivel de contradicción: Camila, en su rol público, ha respaldado recientemente iniciativas para sancionar las denuncias falsas en contextos familiares, señalando el daño que causan en la reputación, la vida laboral y, sobre todo, en el vínculo entre padres e hijos. Resulta paradójico y grave que hoy yo enfrente una denuncia insólita e increíble por “maltrato psicológico hacia ella”, denuncia que es completamente falsa, que nadie cree y que es fácilmente contrastable con las reiteradas referencias públicas que ella misma hacía sobre mí en sus redes sociales, calificándome como el mejor padre y el mejor marido.
Pero bastó esa denuncia para que, de manera inmediata, terminara alejándome de mi hija. Ha habido una falta de coherencia y prudencia inaceptable, y un abuso de poder contra el que me encuentro luchando y exigiendo que se respete el debido proceso y que nuestra hija no sea usada como rehén de una acusación falsa. Me ha presionado para que asuma la responsabilidad de actos que no cometí, para obviamente salvar su acusación falsa, a la cual por supuesto que no accedí. Luego, como requisito para retirar la acusación, incluso me exigió eliminar de mis redes sociales fotografías recientes con mi hija como condición adicional.
Lo más cruel de esta situación es haber sido separado de mi hija, más aún en estas fechas que son precisamente de unidad familiar. Desde su nacimiento, jamás me había separado de mi pequeña. He estado en cada rutina, cada cuidado, cada juego, cada paseo; en toda la cotidianidad que construye un vínculo real. Siempre me he ocupado personalmente de las Navidades, de sus regalos, y con mi bebé armamos el arbolito y el nacimiento. Hoy, por primera vez, atravesé esas fechas sin verla, sin poder darle mi abrazo de Año Nuevo. Los regalos comprados y elegidos por mí, obviamente fueron entregados por mi esposa sin ningún tipo siquiera de remordimiento.
Nadie con sentido común, después de un término tan abrupto de una relación de 15 años, al día siguiente de este horrendo episodio aparece celebrando en fiestas. Tan falsa era la acusación que finalmente terminó desistiendo, pero lamentablemente el daño ya está hecho. No escribo esto para atacar ni para alimentar una polémica. Hablo porque, de seguir callado, se instalará una única versión y mi silencio podría interpretarse como una admisión de culpa o concordancia con su conveniente relato. Quienes me conocen saben que siempre he sido una persona respetuosa, que nunca he actuado con violencia y que no tengo historial de malos tratos hacia nadie.
Solo pido prudencia, respeto por el proceso y, por sobre todo, que se priorice y garantice el bienestar físico y emocional de una menor. Ya que el contacto con ambos padres es su derecho.
Agradezco de corazón a quienes me han escrito y apoyado. Yo al menos sigo creyendo en la institución del matrimonio, pero tristemente me tocó vivir la gravedad de hechos de deslealtad matrimonial imperdonables de los que a propósito de la ruptura, he tomado conocimiento y que lamentablemente se arrastran desde el mes de octubre y que no es mi deseo ventilar en esta declaración, pero que ya que no hacen posible la continuidad del matrimonio y no deja otra opción que la demanda de divorcio culposo. Hoy mi prioridad es una sola: el bienestar y el futuro de mi hija. Con la ayuda de Dios, lucharé por ella y por su derecho a no ser vulnerada y a mantener el vínculo con su padre.
Llevo más de 41 días sin ver a mi bebé, sin tener noticias suyas. De hecho, cuando fui expulsado de mi hogar, mi hija se encontraba enferma.
Hoy me encuentro iniciando acciones judiciales que tienen como objetivo y prioridad el reencuentro con mi hija y garantizar su seguridad personal.
Agradeceré a los medios el debido respeto de esta delicada situación, y reitero que el motivo de esta declaración, hecha muy a grandes rasgos, es para evitar que se instale una sola versión como verdadera sin ningún contraste debido a ser ambos involucrados personajes públicos.
Percy Marín Vera «.
Fundación Crianza Compartida Chile ®️

