La estética de la culpa: ser inocente no da likes, parecer víctima sí .

La estética de la culpa: ser inocente no da likes, parecer víctima sí .

por Marco Bravo ( documentalista)

«La.moral es estética» Friedrich Nietzsche

En la era del relato, la moral ha dejado de ser un ejercicio de verdad para convertirse en un problema de forma y figura.

Lo justo no es lo que es, sino lo que parece ser. En este nuevo escenario, donde las emociones son más importantes que los hechos concretos, no resulta extraño que la mentira, si logra vestirse de víctima, de tragedia o de virtud, encuentre más acogida que la verdad.

De ahí que las falsas denuncias, lejos de ser simples desviaciones del sistema judicial, se conviertan en una muestra dolorosa de que la moral se ha vuelto una cuestión meramente estética.

Cuando planteo que la moral es estética, significa que los juicios morales se rigen cada vez más por percepciones, símbolos, y narrativas que “lucran” con la sensibilidad del espectador. Se cree a quien tiene el lenguaje correcto, la emoción oportuna, la voz temblorosa y los elementos estéticos del dolor: un testimonio en primera persona, una historia de injusticia, una lágrima que confirma lo ya intuido por una audiencia espectadora a través de redes sociales.

En estos tiempos la moral, como la moda, se consume por los ojos. Y quien mejor se presente como víctima, gana el juicio emocional del público, incluso si en la práctica no ha sufrido daño alguno.

En este contexto, la falsa denuncia se convierte en un producto ganador: una ficción con apariencia de verdad, una puesta en escena que satisface el deseo colectivo de justicia social aunque sea a costa de una persona inocente. Y como toda ficción, requiere verosimilitud, personajes y un clímax emocional. El acusado debe parecer culpable mientras que la supuesta víctima debe parecer frágil, coherente, herida y cargada de razón.

No importa tanto lo que ocurrió, sino lo que se percibe que ocurrió. No importa el hecho, sino el efecto.

La justicia tradicional, basada en pruebas, es cada vez más susceptible al juicio moral que impera en redes sociales, incluso al punto de verse debilitada y subyugada por esta percepción colectiva. Lo que es legalmente cierto puede resultar estéticamente inaceptable, y lo que es legalmente falso puede parecer, desde el punto de vista emocional, perfectamente legítimo. Por eso, defenderse de una acusación falsa suele ser difícil. La razón, al no emocionar, es moralmente ineficaz. La defensa lógica resulta antiestética. No conmueve. No produce likes.¿Cómo sostener la verdad cuando la mentira ha aprendido a vestirse de víctima?

El debido proceso, la presunción de inocencia y su posterior desenlace, en donde la verdad triunfe, están en peligro mientras la mentira sea bien contada, la denuncia bien actuada y la historia moralmente “correcta”, incluso si esto significa arruinar una vida inocente.

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